Igual que el terror incontrolable, el pánico es irracional, y su carácter tan a menudo colectivo revela claramente su propensión a
devenir, tarde o temprano, un hecho social total.
En este inicio del nuevo milenio, donde el desempeño de la comunicación instantánea suplanta la sustancia de la obra, de todas
las obras –pictóricas, teatrales, musicales–, donde la analogía desaparece ante las proezas de la digitalización, el Gran Pánico es el de
un arte contemporáneo del desastre de las representaciones, de las malformaciones de una percepción telescópica donde la imagen
instrumental caza, una tras otra, nuestras últimas imágenes mentales.
Paul Virilio